…cuando una se da un respiro…

…llevo una vida maratoniana…

Me da pena tener este rincón abandonado pero o me centro o me centro.

No dejo de coser, ahora no como, sigo con la ruta del colesterol, viajes a Madrid al taller de Diego Estrada…

Esto último es lo más emocionante. Lo de la ida y la vuelta también. Salir temprano y volver cuando los semáforos están en ámbar tiene su aquel…aunque un día me recojan hecha un pellejo.

Madrid para mi es como para cualquiera Nueva York, mi amiga Elena lo sabe, siempre se ha reído de mi y reconozco que no es para menos. Me parece dificilísimo lo del metro, entender que haya tanta gente y tanto coche, que haya que hacer un máster para sacar el ticket de la zona azul y otro para no meterte en el carril bus y taxi que siempre están amenazando a tu derecha cuando tienes que torcer en esa dirección y eso el tom tom no lo avisa. Tampoco nadie dice si por el túnel o por la calzada de arriba, caótico y no hablemos de los atascos…

Puedes optar por un taxi pero eso en tu presupuesto no entra. Y al final haces recuento y es lo que te gastas en Badajoz en disfrutar, no sólo un día, sino el fin de semana en familia y en sitios muy dignos.

Eso sí, es un continuo espectáculo de gente “guapa”. Recuerdo estar sentada en la terraza del Adler en Goya y ver pasar niñas ideales con estilismos bárbaros. Trajes de chaqueta, tacones de infarto y bolsos de Loewe por doquier. También estilos muy dispares, pero con buena pinta, sabéis lo que os digo?

Las puertas de los edificios son un espectáculo. Esos zaguanes y tiradores propios de cualquier palacete de antaño, los suelos de madera…esos que crujen, y los ascensores vistos que no me pueden gustar más.

Áticos en zonas imposibles (por caras, para mí!), con gigantes plantas verdes asomando a calles llenas de movimiento .No puedo dejar de pensar en quienes viven allí. En lo afortunados que son, como serán sus vidas, porque no sé vosotros pero yo tengo la extraña manía de ver luz en las casas e intentar ponerme en la piel de los dueños, lo que hacen, lo que sienten, como son.

Y pienso en mi vida, en mi casa y en si yo podría salir arreglada de esa manera todos los días a la calle, cosa que me encantaría. Enseguida despierto y recuerdo mis mañanas frente al espejo viendo mi pelo imposible y mi tipazo…olvídate Paula, un moño “despreocupao”, vaqueros y el parka que todo lo tapa!

Pero todo es una cuestión de actitud como bien me dijo mi amiga Gema el otro día saliendo del taller de Diego. Vino a decirme algo así como que seguramente deje de hacer muchas cosas porque no estoy a gusto conmigo misma y no le falta razón. Aunque intente autoconvencerme que me da pereza arreglarme no deja de ser un excusa a no verme bien con nada.

He perdido algunos kilos y mi actitud es otra. Mi imaginación vuela y aunque me como un buey crudo (porque arrastro hambre jajaja) la ilusión es enorme. Ya me imagino subida a tacones imposibles y a trajes de chaqueta…y poder entrometerme en una jornada madrileña (de las que a mi me gustan ojo, que hay otras, pero para eso no me muevo de donde estoy, una tiene que soñar…y soñar para bien, si es al revés mal vamos) pasando desapercibida no una vez más como Paco Martínez Soria que en honor a él cambié la boina por un panamá jajajaa.

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Un beso apretao…

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